Las propiedades nutricionales del ajo se derivan principalmente de su contenido en compuestos organosulfurados, siendo el más relevante la allicina, que se forma cuando el ajo fresco es triturado y la enzima alliinasa convierte la alliin en allicina. El ajo también aporta pequeñas cantidades de proteínas, carbohidratos, fibra, vitaminas (como vitamina C y algunas del grupo B), y minerales (como selenio, calcio y fósforo), aunque su principal valor nutricional y funcional proviene de sus metabolitos bioactivos.La allicina destaca por sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antidiabéticos, cardioprotectores, antineurodegenerativos, antitumorales y antiobesidad, según la evidencia actual.Sin embargo, la biodisponibilidad de la allicina es limitada debido a su inestabilidad y rápida degradación, lo que ha motivado el desarrollo de sistemas de administración novedosos (como nanopartículas, geles y liposomas) para mejorar su absorción y eficacia en aplicaciones nutracéuticas y alimentarias.[1]Por lo tanto, el ajo es un alimento funcional con bajo aporte calórico, pero con alta densidad de compuestos bioactivos, especialmente allicina y otros derivados sulfurados, que contribuyen a sus beneficios para la salud más allá de su valor nutricional básico.[1]Bibliografía: Bioavailability, Health Benefits, and Delivery Systems of Allicin: A Review.
Triturar: introduce todos los ingredientes (SALVO LA UVA Y LAS ALMENDRAS LAMINADAS) en una licuadora o procesador de alimentos tritura la mezcla hasta obtener una textura homogénea, durante aproximadamente 2 minutos.
Refrigerar: Vierte en una sopera y guarda en el frigorífico hasta servir.
Servir: Sirve muy frío decorando con las uvas y con las almendra laminadas.