La intolerancia a la lactosa es un síndrome clínico caracterizado por la aparición de síntomas gastrointestinales como dolor abdominal, distensión, flatulencia y diarrea tras la ingestión de lactosa, (un disacárido presente en la leche y productos lácteos), y esto es debido a deficiencia de la enzima lactasa en el intestino delgado.[1-3]
Primaria : genéticamente determinada y relacionada con la disminución fisiológica de la actividad enzimática después del destete.
Secundaria: enfermedades que afectan la mucosa intestinal.
El mecanismo fisiopatológico implica que la lactosa no digerida llega a colon, donde es fermentada por la microbiota, produciendo ácidos grasos de cadena corta y gases, lo que general los síntomas mencionados. [2][5] La severidad de los síntomas varía según la cantidad de lactosa ingerida, el grado de deficiencia de lactasa, la composición de la microbiota intestina y la sensibilidad visceral individual. [1][6]
El diagnostico se basa en la correlación clínica y puede confirmarse mediante pruebas como el test de hidrógeno espirado, considerado el método no invasivo de mayor sensibilidad y especificidad. [5][7] El manejo incluye la reducción de la ingesta de lactosa, el uso de productos lácteos sin lactosa, y en algunos casos, la administración de lactosa exógena o probióticos específicos. [2][8]
Educación Nutricional: mi mensaje…
La evidencia respalda la importancia de restringir la lactosa, asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D, y considerar alternativas como productos fermentados, lactasa exógena y probióticos, así como la lectura cuidadosa de etiquetas alimentarias para evitar la lactosa oculta.[1-5]
Estas recomendaciones buscan minimizar los síntomas, prevenir deficiencias nutricionales y mantener la calidad de vida en pacientes con intolerancia a la lactosa.
Reducir o evitar el consumo de alimentos con lactosa: Limitar la ingesta de leche y productos lácteos convencionales es la primera medida para prevenir síntomas. La tolerancia individual varía, pero la mayoría de los pacientes puede tolerar pequeñas cantidades de lactosa (hasta 12 g en una sola toma, equivalente a un vaso de leche, y hasta 18 g repartidos durante el día).[5-6]
Preferir productos lácteos sin lactosa: Utilizar leche, yogur y quesos etiquetados como «sin lactosa» o «bajo en lactosa». La lectura de etiquetas es esencial para evitar la lactosa oculta en alimentos procesados, como embutidos, pan, cereales y salsas.[1][5]
Consumir productos fermentados: Yogur y algunos quesos maduros (como parmesano y cheddar) suelen tener bajo contenido de lactosa y son mejor tolerados, debido a la acción de bacterias con actividad β-galactosidasa.[2-4]
Considerar suplementos de lactasa: El uso de lactasa exógena antes de consumir alimentos con lactosa puede reducir los síntomas, aunque la eficacia varía entre individuos.[2][6-7]
Evaluar el uso de probióticos específicos: Ciertas cepas probióticas pueden mejorar la tolerancia a la lactosa al aumentar la capacidad de fermentación colónica.[2][8]
Garantizar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D: La exclusión de lácteos puede predisponer a deficiencia de calcio y vitamina D, aumentando el riesgo de osteoporosis. Se recomienda consumir alternativas enriquecidas (bebidas vegetales fortificadas, aguas minerales con calcio, vegetales de hoja verde, frutos secos) y considerar suplementación si es necesario.[1][3-4][9]
Individualizar la dieta: Ajustar la restricción de lactosa según la tolerancia personal y considerar otras intolerancias alimentarias (por ejemplo, FODMAPs en pacientes con síndrome de intestino irritable).[9-10]
Educar al paciente sobre la lactosa oculta: Informar sobre la presencia de lactosa en medicamentos y productos no lácteos, y la importancia de verificar ingredientes.[1][5]
¿Alguna vez te has detenido a pensar si ser intolerante a la lactosa afecta a tu carrito de la compra?
Existe un incremento de precios que ronda el 38% en comparación con sus versiones regulares. Esto puede deberse al coste de producción, es decir, la industria utiliza métodos avanzados que implican roper el enlace de la lactosa mediante la adición de la enzima lactosa. Estos procesos requieren inversión en infraestructuras y tecnología lo que contribuyen a ese incremento en sus costos.
La intolerancia a la lactosa no es sólo una cuestión de comodidad digestiva, es una realidad que afecta al 70% de la población mundial.
Con el compromiso de cuidar de ti. Yolanda
Bibliografía: Definición y diagnóstico
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